23.11.07

Una noche hermosa y una mañana plácida




Estábamos cenando en la Paquita cuando se acercó un tío pidiéndonos un sacacorchos, se llamaba Javi y era de Uceda, cerca de Madrid. Nos invitó a hacer unos vinitos. ¿Quién se podía resistir?
Estaba haciendo una aventura parecida a la nuestra, viajar en moto desde Alaska hasta Patagonia pero por etapas. Con él estaba Ana, una cordobesa que había ido a Londres a estudiar inglés en plena aventura vital cuando lo conoció.
Ahora viajaban juntos un pedacito de América hasta llegar a México.
Con ellos vivimos una noche hermosa, repleta de risas, de calidez y de filosofía vital. Junto al fuego, con las sombras de la lamparita en los rostros, compartiendo vino y cubatas. Nos resistíamos a que acabara la noche, pese al frío que nos había devorado los pies y nos mordía las piernas. Riendo y hablando a voces en medio de la oscuridad y silencio del camping, que a nadie parecía molestar, ni al ranger impasible que hacía su ronda nocturna.
A la mañana siguiente, tocaba un desayuno en la Paquita, con la calefacción para hacer reaccionar el cuerpo y esperar a que el sol calentara la mesa donde haríamos el último café de despedida. Ellos se iban a Nuevo México y nosotros nos quedábamos en Grand Canyon.
Queda la promesa de vernos en fin de año en México. Allá estaremos, ojalá que nos podamos encontrar.
Fue un rato de conversación cómplice que echábamos mucho de menos.
Gracias Ana, gracias Javi.

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